Santo Toribio de Mongrovejo

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Santo Toribio de Mongrovejo

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El Apóstol de Perú y Patrono del Episcopado
Latinoamericano dejó hace cuatro siglos un imborrable
ejemplo de padre y pastor de su rebaño.

 

2Toribio nació en una noble familia de Mayorga (España) en 1538. Estudió Derecho en las universidades de Coimbra y Salamanca. Tenía 40 años y era Presidente del Tribunal de Granada cuando, por indicación del rey Felipe II, el Papa Gregorio XIII lo designó arzobispo de Lima.

Apresuradamente, casi de un día para otro, un simple laico fue elevado a la dignidad de obispo de la Santa Iglesia. Así son los caminos de la Providencia cuando decide realizar una obra. Se hizo con el jurista Toribio lo mismo que, poco más de mil años antes, se hiciera con el estadista san Ambrosio: en cuatro domingos consecutivos recibió las órdenes menores; pocas semanas después fue ordenado presbítero y, por fin, consagrado obispo.

 El insigne jurista se hace catequista

 

Santo Toribio de Mogrovejo llegó a su arquidiócesis en mayo de 1581. Al comienzo tuvo que enfrentar la decadencia espiritual de los españoles colonizadores, cuyos abusos los sacerdotes no se atrevían a corregir. El nuevo arzobispo atacó al mal de raíz. Muchos de los culpables de intolerables vicios y escándalos trataban de justificarse:

– Hacemos lo que aquí se acostumbra hacer…

– ¡Pero Cristo es verdad, no costumbre!– les replicaba.

Con energía y sobre todo con el ejemplo personal puso freno a los abusos, moralizó las costumbres y promovió la reforma del clero.

En poco tiempo, el ex jurista se transformó en un eximio catequista que evangelizaba a los indígenas con palabras sencillas pero ardorosas. Recorrió tres veces todo el inmenso territorio de su arquidiócesis en visita pastoral, viajando infatigablemente miles de kilómetros. Entraba a las cabañas miserables, buscaba a los indígenas huidizos, les sonreía paternalmente, les hablaba con bondad en sus idiomas y los conquistaba para Cristo.

 

Grandes actividades, intensa vida de piedade

 

¡Las tres visitas pastorales le tomaron más de diez de sus veinticinco años de episcopado!

Convocó y presidió trece sínodos regionales de obispos. Reguló y perfeccionó la catequesis de los indígenas, para quienes hizo imprimir los primeros libros editados en Sudamérica: el Catecismo en español, quechua y aymará. Fundó cien nuevas parroquias en su arquidiócesis.

Todo esto sin perjudicar en nada el punto fundamental de todo apóstol genuino: su propia vida espiritual. A todos los que convivieron con él les llamó la atención su intensa vida de piedad, a la que dedicaba muchas horas diarias de oración y meditación.

 

Inmensa alegría: “¡Iré a la Casa del Señor!”

 

Tuvo la inapreciable satisfacción de convertir a miles de indígenas y de confirmar a tres santos: san Martín de Porres, san Francisco Solano y santa Rosa de Lima.

La muerte lo alcanzó en el curso de su última visita pastoral, en una pobre capilla a casi 500 kilómetros de Lima. Al sentir que se aproximaba la hora extrema, recitó el Salmo 121: “¡Qué alegría cuando me dijeron: Vamos a la Casa del Señor!” Expiró dulcemente a las 15:30 hrs. del 23 de marzo de 1606, un Jueves Santo.

Benedicto XIII lo canonizó en 1726 y Juan Pablo II lo proclamó Patrono del Episcopado Latinoamericano en 1983.

(Revista Heraldos del Evangelio, Marzo/2006, n. 32, pag. 40-41)     

Rasgos característicos de la santidad de santo Toribio

 

3Santo Toribio de Mogrovejo fue muy consciente de que el ministerio pastoral sólo tiene sentido si se vive en santidad y promueve santidad: fue una evangelización para la santidad.

Contemplar la figura de santo Toribio Alfonso de Mogrovejo es contemplar la figura de un obispo que se entrega con exuberante generosidad a su ministerio sin importarle las dificultades e inconvenientes que pueda encontrar.

Puede surgir entonces la legítima interrogante: ¿Cuál fue el secreto de la santidad de Santo Toribio de Mogrovejo?

El secreto de la santidad de Toribio, como la de cualquier santo, fue su cercanía con Dios, su fidelidad a la oración, elemento fundamental de su ministerio apostólico. Y es que en la vida espiritual se progresa en la medida que se reza. (…)

El amor por los necesitados fue también un rasgo característico de la fisonomía espiritual del Apóstol del Perú. Este amor por los pobres se hacía patente en los innumerables gestos realizados por el Santo, que van desde el trato afable que brinda a los indios y a los necesitados, pasando por la entrega a los pobres de los bienes que podía percibir, llegando a la donación de sus propios vestidos y enseres domésticos.

En Santo Toribio reforzamos nuestra convicción de que el tiempo entregado a Dios es garantía de una fiel entrega al cumplimiento de los propios deberes y al servicio fraterno.

En la oración, santo Toribio comprendió que “una de las características fundamentales del pastor debe ser amar a los hombres que le han sido confiados, tal como ama Cristo, a cuyo servicio está”. Él comprendió el ministerio pastoral como lo concibe nuestro amado Papa Benedicto XVI, quien en la Misa de Inauguración de su Ministerio Petrino decía: “Apacentar quiere decir amar, y amar quiere decir también estar dispuestos a sufrir. Amar significa dar el verdadero bien a las ovejas, el alimento de la verdad de Dios, de la palabra de Dios; el alimento de su presencia, que él nos da en el Santísimo Sacramento”.

(Homilía de la misa conmemorativa del cuarto centenario de la muerte del santo, el cardenal Juan Luis Cipriani Thorne, arzobispo de Lima. El texto integro está disponible en: http://www.arzobispadodelima.org/santos/storibio/homilia.htm)

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