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Como unos padres…

Al recibir a un joven candidato al sacerdocio como ahijado, o a una futura religiosa como ahijada, los padrinos y madrinas establecen una especial interrelación con ellos. ¿Cuál es el núcleo de ese lazo afectivo y espiritual?

 

Al buscar la etimología de algunos términos hallamos a menudo ciertos matices que nos aclaran sus actuales significados. Esto ocurre, por ejemplo, con la palabra ahijado, cuyo origen está en el vocablo latino adfiliatus, que significa “hijo adoptivo”; pero que, por extensión, puede referirse a aquella persona que es tomada, favorecida o protegida como un hijo.

Dicha significación refleja muy bien la interrelación afectiva que se produce entre los seminaristas de la sociedad de vida apostólica Virgo Flos Carmeli y quienes ayudan a financiarles sus estudios académicos y otras necesidades de su formación. Lo mismo pasa con las aspirantes a la vida religiosa en el seno de la sociedad de vida apostólica Regina Virginum con respecto a sus padrinos y madrinas.1

En general, los que se comprometen a “adoptar” a un heraldo durante su período de formación son personas sencillas, sin grandes recursos financieros, que se han propuesto hacer esa obra de caridad con un poco de esfuerzo personal y mucha alegría. Se sienten gratificadas sabiendo que con su colaboración le darán otro sacerdote a la Santa Iglesia —tan necesitada de brazos que apacienten el rebaño del Señor— o una religiosa que, por medio de sus oraciones y su labor evangelizadora, acercará a numerosas almas al puerto de salvación.

Mucho más que la mera gratitud por la ayuda material, entre padrinos y madrinas se establece con sus respectivos ahijados un vínculo en Cristo por el cual éstos consideran realmente a sus bienhechores como unos padres. Intercambian correspondencia y oraciones, y reciben de ellos sanos consejos, como veremos a continuación en algunos testimonios provenientes de distintos puntos de Brasil.

 

“Me sentí honrada de poder ayudarte”

 

Sonia María Buasi Carvalho, del municipio de Sinop (Mato Grosso), manifiesta en una afectuosa misiva su alegría y la de su marido por ser padrinos de una joven candidata a la vida religiosa: “He recibido tu carta con tu fotografía y me sentí honrada de poder ayudarte con lo que me sea posible. Es una alegría saber que aún existen muchas niñas que se dedican a la vida religiosa y a la oración por aquellos que se olvidaron de que Dios es nuestro único Salvador. Todavía eres muy joven, pero ya has sentido la llamada de Dios. Esto es precioso, y para mí y para mi esposo es inmensamente gratificante el poder contribuir. Vamos estar rezando para que te mantengas siempre en ese camino, que es el de seguir a Jesús. Y te pido que también reces por mí, porque necesito oraciones para conducir a mi familia hacia Dios.

“Estoy contenta de que, de ahora en adelante, formes parte de nuestras vidas, incluso a distancia y sin conocerte personalmente. No me olvidaré de ti y ya nos iremos conociendo poco a poco. Queda con Dios”.

 

Vivir el amor que Jesús nos dejó

 

Además de preocuparse por la formación de su ahijado, que espera sea eximia, Herminio Gabrieli, de Porto Alegre (Río Grande do Sul), ya lo ve como misionero, alimentando la fe de multitudes: “Realmente, es un privilegio y una gracia enorme para una familia el tener a un hijo que se está preparando para el sacerdocio, eso es un privilegio y un don enorme. Todos los días rezo para que mi ahijado ahonde en su formación y obtenga fuerzas, por la devoción y protección de la Virgen, para resistir a las numerosas artimañas del demonio que quiere desviarlo de su noble vocación.

“Creo que algún día será apto para trabajar en su misión de evangelizador, llevando la Buena Nueva a los fieles sedientos de un mensaje, un pueblo que busca una palabra amiga, una bendición, un cariño. Un pueblo que anda perturbado por todas las cosas ruines que ocurren a diario a su alrededor, a veces prisionero de su propio egoísmo y principalmente por la falta de fe.

“La revista Heraldos del Evangelio trae tantas cosas buenas; y veo que no les faltan vocaciones, porque los sacerdotes están preparados e infunden esperanza en las predicaciones que hacen en las más diversas parroquias donde actúan. A veces hago esta comparación: así como los Apóstoles, guiados por el Espíritu Santo, fueron conmoviendo los corazones del pueblo pagano de su época —por cierto no muy diferente de la nuestra—, los Heraldos, también guiados por el Espíritu Santo, están motivando a las multitudes a vivir la fe y el amor que Jesús dejó como legado”.

 

Resultado de imagen para ordenaçao presbiteral arautosExultando de alegría con la ordenación

 

Si los padrinos manifiestan su contento al conocer los avances en la formación religiosa de sus ahijados, su júbilo llega al auge al recibir la noticia de su ordenación presbiteral. Antonio de Padua Lima Montenegro, de João Pessoa (Paraíba), escribe: “Sólo ahora por la noche, leyendo el correo electrónico, he tomado conocimiento de la correspondencia que me ha dirigido usted. Estoy exultando de alegría con la ordenación presbiteral del diácono para el que he contribuido, modestísimamente, en su formación eclesiástica. ¡Cómo desearía estar presente! Ya me emocioné bastante sólo de ver el vídeo de su ordenación diaconal. Infelizmente no estoy en condiciones de realizar mi deseo…

“Le estoy rezando al divino Sacerdote, Jesucristo, para que sea siempre en todos los segundos de su vida sacerdotal, que está a punto de iniciarse, fidelísimo a los compromisos asumidos con Dios, con la Iglesia, con los Heraldos, con su familia y con sus amigos también. ¡Cómo desearía estar ahí para besarle sus manos ungidas y sentir el suave perfume del óleo santo que va a santificarlas! Sin duda, me emocionaría… Espero que la Santísima Virgen, la Señora de la Asunción, me ofrezca la oportunidad de que un día pueda abrazarlo. Siento las mismas alegrías que sus padres estarán sintiendo, al ponerme en su lugar…

“Me intereso por todo lo relacionado con la Iglesia y me entristezco ante las defecciones, la mala formación por parte del clero… Los Heraldos son el oasis donde se están formando los mejores y más santos sacerdotes que tanto necesitamos. ¡Cómo precisamos de sacerdotes santos y sabios! Mis congratulaciones efusivas a todos y cada uno de los nobles sacerdotes. Que Nuestro Señor Jesucristo, el Sumo y Eterno Sacerdote, y la Santísima Virgen, Madre y Reina de los sacerdotes, haga llover sobre todos ellos las mejores bendiciones divinas”.

 

Fortalecidos por las oraciones de su ahijada

 

En un momento en que una madrina estaba pasando por serias dificultades de salud, su ahijada encomendó algunas Misas y rezó especialmente por su recuperación. Su padrino, Antonio Carlos Formigheri, de Passo Fundo (Río Grande do Sul), responde a ese gesto con una carta llena de cariño y gratitud: “Al recibir tus noticias me puse muy contento. Pienso que tus oraciones diarias nos están dando fuerzas para esta batalla, y creo que alcanzaremos nuestro objetivo, con amor y fe. Nos alegramos mucho con las oraciones y Misas que nos has dedicado a mi esposa y a mí, es lo que nos está ayudando a luchar por la recuperación de tu madrina, aunque sea difícil, pero no imposible. Con nuestras oraciones podremos conseguir una gracia especial, pues nuestra fe y esperanza son muy grandes.

“Todos los días, al levantarme y al acostarme, le rezo a la Virgen para que te dé fuerzas en la formación de la vocación que has abrazado. Tus fotos están en la estantería, junto con Santa Bernadette, Santa Teresa del Niño Jesús y Santa Eduviges, que fueron religiosas como tú y llegaron donde tú pretendes llegar”.

“¡Seré madrina de un sacerdote!”

 

De Aracaju (Sergipe), Liete Oliveira Azevedo se preocupa por la formación de su ahijado como si se tratara de un verdadero hijo, y le recuerda la grandeza de la vocación sacerdotal, que debe ser vivida con total seriedad: “Cada vez amo más a los Heraldos por la atención, por el cariño que me dispensan. Me quedé encantado al recibir tu carta. ¡Qué bonito! ¡Seré madrina de un sacerdote! ¡Qué copiosa bendición del Cielo! Deseo, hijo mío, que continúes con toda dedicación y celo por el camino que has elegido. Sé siempre obediente, celoso por las cosas divinas y sincero con tus formadores. Válete de la franqueza, de la sinceridad y acoge las orientaciones de tus superiores. El camino sacerdotal es sagrado.

“No obstante, como en todo, existen los momentos cruciales, para los que es necesario ser fuerte en la fe, en la oración y en la devoción a la Eucaristía. Este lindo camino requiere total entrega. Es bueno que recuerdes que una vez sacerdote, serás siempre sacerdote. En la ordenación sacerdotal es concedido al sacerdote algo que ni a los ángeles les ha sido dado: el poder de la transustanciación, convertir el pan y el vino en el cuerpo y la sangre de Jesús. No existe bendición más grande en la faz de la tierra.

“¡Ay, si todo sacerdote se tomara en serio esa condición divina! Me preocupo mucho por los sacerdotes. Hijo mío, cuenta con mis oraciones de verdad. Que el Espíritu Santo te ilumine siempre”.

 

“No dejaré de ayudar a otros jóvenes”

 

Cuando el apadrinado se ordena presbítero, muchos padrinos y madrinas desean continuar su acción bienhechora adoptando a otros jóvenes que inician su formación. Este es el caso de María del Socorro Lima Bezerra, de Ji-Paraná (Rondônia): “Me quedé inmensamente feliz al saber que usted ya es sacerdote y que pude ayudarle para que eso sucediera. No tiene que agradecérmelo, pues la ayuda que le di fue de corazón y de libre y espontánea voluntad. Rezo por usted todos los días y le pido que no se olvide de incluirme siempre en sus oraciones.

“Mientras viva no dejaré de ayudar a otros jóvenes para que realicen tan bella vocación. Dígale al otro que él ya es mi ahijado y que tengo un inmenso placer de ayudarlo. Quede con Dios y la Virgen, y que ellos le conserven firme en sus propósitos sacerdotales”.

Alegría materna al verla recibir el hábito

 

Lenira Viana Araújo Nascimento, de Petrolina (Pernambuco), se sintió dignificada al saber que su ahijada había recibido el hábito de los Heraldos y manifestó su enorme cariño por ella que ya la considera como una hija: “Fue un inmenso placer recibir tu carta en la que me informas que has tomado el hábito de los Heraldos del Evangelio. Hago votos de que seas perseverante en la noble misión que has abrazado. Me siento honrada al recibir este gran regalo de Dios y de los Heraldos del Evangelio: tú, mi ahijada.

“Qué hermosa joven eres y qué bien quedas con esa vestimenta que te encaja como un guante. ¡Enhorabuena! No desanimes nunca en esa santa trayectoria. Rezaré por tu perseverancia, pues ya te amo y deseo lo mejor para ti. Siéntete a voluntad para escribirme siempre que quieras.

“Sabes, aquí hay un seminario donde también tengo un ahijado, un joven sencillo, pero muy dedicado. Hoy vosotros dos sois mis dos hijos de corazón. Reza por mí, no te olvidaré”.

 

Invitando a su ahijado a la perseverancia

 

Cuando fue visitada por los misioneros heraldos, que le llevaron la imagen de la Virgen Santísima, Vera Lucía Reis Santos, de Riachão do Dantas (Sergipe), sintió la mano de Dios en su vida, sobre todo por el privilegio de tener un futuro sacerdote como ahijado. Y le escribió animándolo a perseverar: “Fue un día especial cuando recibí su carta con su foto y donde también me agradecía que fuera su madrina. Soy yo la que le agradezco a Dios el haberme enviado a los dos hermanos heraldos y haber sido agraciada con la visita de la Virgen, en la que recibí muchas bendiciones para mi vida y también a usted como ahijado, porque Ella lo providencia todo.

“Tenga la certeza de que estoy rezando por usted. Y para que pueda cada día evangelizar a la gente a través de una sonrisa, de una mirada, de una palabra. Hoy las personas se sienten solas y abandonadas. Que ellas sean miradas por Jesús a través de su mirada.

“Usted es una obra de misericordia que el mundo tanto necesita. No tenga miedo de asumir a Cristo en usted, en su llamamiento, en sus actitudes y en su día a día. Que Dios lo bendiga y derrame sobre usted las gracias que necesita, y que el Espíritu Santo conduzca su vida. Sea perseverante y verá el secreto de la victoria”.

 

Vocación de ser un Cristo visible para el mundo

 

Daniel Innocentini, de San José do Río Preto (São Paulo), considera un gran honor para un cristiano el apadrinar a un seminarista. Le escribe a su ahijado, animándolo a valorar el inmenso privilegio de hacerse un Cristo visible para los fieles: “Recibí la carta con una foto tuya, en la que se me comunicaba que había sido constituido tu padrino. Considero que tal hecho fue una gracia del Señor, dado el honor que esto supone para un cristiano: colaborar para que otro Cristo más se haga presente visiblemente en el mundo. Es así como veo al sacerdote.

“De ahora en adelante tu nombre será recordado en mis oraciones diarias, para que el Señor aumente cada día tu deseo de consagrar tu vida en pro de su reinado en los corazones. La vocación que has recibido provoca envidia en muchos.

“En las palabras de San Pablo, serás, por la gracia de Dios, constituido sacerdote a favor de muchos, ya que has sido elegido entre muchos. Así serán mis oraciones por tu perseverancia en el ideal que has elegido, al corresponder al llamamiento del Señor. Digo ‘que has elegido’ porque esa es la decisión de tu voluntad que Dios premiará, después de que estés preparado”.

 

“Mírate en Mons. Clá Dias”

 

Gran estímulo a la perseverancia le da Francisco Crescencio Ribeiro, de Brazópolis (Minas Gerais), cuando le escribe a su ahijado: “Ser sacerdote, ¡qué sublimidad! ¡Es algo angelical! Pero selo en la aceptación de la palabra, estandarte para el rebaño del que te convertirás en padre y pastor. Con tristeza, quiero serte sincero: en la actualidad, incluso en nuestra Iglesia, cuántas ovejas buscan otros prados o desaparecen, y al pastor no le importa…”.

Y para que ese estímulo sea aún más poderoso, pone ante los ojos de su ahijado el ejemplo del fundador: “Mira lo bello y lo sublime del sacerdocio, sé perseverante, mírate en Mons. Clá Dias, ¡mantén tu fidelidad! Sé fiel a los votos de pobreza, castidad y obediencia a Dios y a tus superiores. Abraza la humildad, la mayor de todas las virtudes, la caridad, y sé hombre de perdón, esto es lo fundamental en nuestra vida, ya que sin perdón no hay salvación. Abomina el dinero y las riquezas del mundo, enriquécete de la gracia de Dios y de virtud, siendo modelo de santidad”.

1 Forman parte de la familia espiritual de los Heraldos del Evangelio dos sociedades de vida apostólica de derecho pontificio: la Sociedad Clerical Virgo Flos Carmeli, en la que están incardinados los sacerdotes heraldos, y la Sociedad Regina Virginum, compuesta por miembros de la rama femenina que llevan vida fraterna en común, bajo el signo de la caridad.

 

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