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Nuestro Origen
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Heraldos rezando frente al Santísimo Sacramento en una
de sus casas |
El actual estado de esta Institución es el resultado de un largo
caminar. Mirando atrás, retrocediendo a través de los
años y las décadas, se puede constatar casi que paso a
paso lo providencial de los caminos surcados.
Sin que se diesen cuenta, era la mano de la Providencia
la que los guiaba a lo largo de la trayectoria que culminó en
la aprobación pontificia.
Los designios de Dios son insondables. A unos los
convierte de forma eficaz, con la rapidez del rayo, como a San Pablo.
Para otros espera pacientemente largos años, dejándoles
que caminen por las sendas sinuosas de la vida, para que en un momento
dado les pueda hacer la irresistible invitación a la santidad.
Así fue el caso de San Agustín.
También La Providencia tenía para los Heraldos
del Evangelio misteriosos designios. Su origen se remonta a mediados del
siglo pasado, cuando un grupo de jóvenes se reunía en São
Paulo para admirar la armonía y cultivar la espiritualidad que
se desprenden del canto gregoriano, en medio al estudio de la Doctrina
Católica.
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Heraldos cantando el Oficio Divino
en su iglesia Nuestra Señora del Rosario |
Ésas eran las vías por las cuales la Providencia
les estaba invitando para que se entregaran enteramente al verdadero Autor
de todas las pulcritudes. Al mismo tiempo, el Espíritu Santo suscitaba
en sus almas la inquietud de formar una institución de cuño
religioso con la finalidad de promover la santificación personal,
utilizando la música y la cultura en general como medio de evangelización.
En determinado momento, la lectura
del Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen,
de S. Luis María Grignon de Monfort, y la consagración a
la Madre de Dios que hicieron todos, conferían un carácter
acentuadamente mariano al grupo que poco a poco se iba formando y explicitando
su propia fisonomía. |
Por fin, surge la asociación
privada de fieles Heraldos del Evangelio, cuyos estatutos fueron aprobados
el 21 de septiembre de 1999 por Mons. Emilio Pignoli, entonces obispo
de Campo Limpo, cuya diócesis abarca una considerable región
de São Paulo. Este fue el comienzo de una nueva etapa de intensificación
de la comunión eclesial.
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Hermanas del Sector Femenino
de los Heraldos |
Los Heraldos del Evangelio, a partir de ese momento,
pasaban a ser instrumentos vivos de la Sagrada Jerarquía al servicio
de la Nueva Evangelización.
En los meses siguientes, los Heraldos del Evangelio,
fueron erigidos canónicamente en 25 diócesis de diversos
países de América y Europa. Se daban las condiciones para
que fuera solicitado a la Santa Sede su reconocimiento como asociación
privada internacional de fieles de derecho pontificio.
Dado el simbolismo que suponía la fiesta de la
Cátedra de San Pedro (22 de febrero), fue esta fecha la escogida
para la firma del decreto de aprobación, puesto que la devoción
al Papa es uno de los pilares de la espiritualidad de los Heraldos del
Evangelio.
En el momento de su erección
pontificia, ya estaban presentes en 29 países de las tres Américas,
Europa, África y Asia, en sitios como la India, Sudáfrica,
Mozambique, Filipinas y Japón. |
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Américo Vespucio Sur 250 – Las Condes, Santiago de
Chile
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